La Iglesia y la ciencia. Historia de un malentendido - Georges Minois - Akal México
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La Iglesia y la ciencia. Historia de un malentendido

$ 1,329.00

Georges Minois

Editorial
Akal
Colección
Anverso
Traductor
Beatriz Eguibar / Tomás Fernández Aúz
ISBN
978-84-460-3270-0
Dimensiones
14x22
N.° páginas
1358
Año edición
2016
Precio sin IVA
$ 1,329.00
Código
23532
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Sinopsis

Tras un largo periodo de desconfianza debido a su origen pagano, con san Agustín la Iglesia termina por adoptar a la ciencia como rama auxiliar de la teología. Las tentativas medievales por construir una ciencia independiente no sobreviven a los censores y así los grandes visionarios de los siglos XV y XVI, tolerados en algún momento, son víctimas de la reacción postridentina. Sólo las matemáticas, por su carácter de pensamiento abstracto, continúan su camino al margen de todo esto, hasta que finalmente también les tocó su turno, pues en ellas se apoyaron Copérnico y la ciencia mecanicista para afirmar que la Tierra gira sobre sí misma. La actitud de la Iglesia hacia la ciencia sigue siendo aún hoy objeto de numerosas controversias; desde san Pablo, se ha intentado en alguna ocasión la síntesis entre las dos vías de acceso a "la verdad" –la revelación y la ciencia–, pero sin llegar a realizarse nunca. En el siglo XVII nació la ciencia moderna como tal. Galileo, su principal iniciador, reivindicó la autonomía de la ciencia y su condena -en 1633- por el tribunal del Santo Oficio, es el punto de partida del gran malentendido entre la Iglesia y la ciencia. Después el fantasma de Galileo habitó la conciencia católica durante tres siglos y medio: hasta 1982, cuando Juan Pablo II expresó el arrepentimiento de la Iglesia a propósito de este asunto. Luego de más de trecientos años, la Iglesia ha perdido poco a poco todo control sobre la evolución de las ciencias, al rechazar adaptarse a las nuevas teorías. Después de haber censurado los movimientos de la Tierra, condenó la física mecanicista de Descartes, el atomismo, el darwinismo, los primeros resultados de la geología y de la prehistoria, que contradecían la cronología bíblica. La condena de la Modernidad, en 1907, marcó el apogeo de su inmovilismo. A principios del siglo XX, el debate se reinició tímidamente. Pío XII afirmó su simpatía hacia los hombres de ciencia, pero los obstáculos subsistían, sobre todo a propósito del origen del hombre. Los métodos no han desaparecido, como ilustra el caso Teilhard de Chardin o las críticas relacionadas con los progresos de la genética o con la inseminación artificial. Una crítica aguda y extremadamente erudita, con vocación de constituirse en referencia sobre tan polémico tema.

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